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LA MONTAÑA

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Por: Jenny Paola Pedraza Pinilla.

Había una vez una mujer, a veces, tan pero tan grande, que no cabía ni siquiera en su casa. Ella no entendía, por  qué, cuando llegaba la luna llena se hacía pequeña como una pulga y cabía hasta en una tapita de esfero. Cuando la luna estaba mediana, tenía el tamaño normal de una persona.

Un día, ella se cansó de que todas las personas murmuraran sobre ella. Se fue a donde un gran sabio, que le dijo: “hay un lugar en donde no sale la luna”. Ella le preguntó llena de optimismo: ¿en dónde queda? El sabio le dijo: “es muy lejos de aquí, nadie regresa nunca de ese lugar” Ella no se asustó ni un poquito, y le volvió a preguntar al sabio tranquilamente:

¿Dónde queda?. El sabio re respondió con voz pausada: “queda en la más alta y escarpada cumbre de oriente, pero te recuerdo, mujer, nadie ha vuelto de ese lugar. Ella, sonrió, agradeció y partió decidida.

Caminó y caminó hacia la montaña, cuando ya era muy noche, llegó la luna llena y la volvió muy pequeña otra vez. Entonces, así diminuta, se encontró un duende que tenía unas orejas muy grandes. Aquel duende le conto su historia: “cuando hay luna llena, me crecen mucho las orejas, pero después de que cambia la luna mis orejas se vuelven pequeñas”. La mujer, también le contó su historia y le dijo hacia donde se dirigía, el duende le dijo: “puedo ir contigo? Ella respondió: Claro que sí! Y reanudaron el camino .Cuando llegaron a la cumbre, casi al amanecer, se sorprendieron al ver una comunidad de hadas, dragones, sirenas, y muchas otras criaturas encantadas. El tiempo entonces, se hizo ambiguo y confuso…

De repente apareció el sol y todas las criaturas desaparecieron como en un despertar. Ellos se asustaron y emprendieron la huida. En su apresurado escape, encontraron una de las hadas, volátil y hermosa que ella dijo: “vinimos aquí porque un gran sabio nos dijo que aquí no aparecía la luna” pero en realidad fuimos engañados. Ahora somos prisioneros y nunca jamás nos iremos de aquí”. Ellos muy asustados y temerosos sin comprender la razón, se quedaron profundamente dormidos.

Cuando despertaron, apareció un hombre descomunal, que les dijo con voz amenazante: “A partir de ahora, son mis esclavos, tienen que trabajar para mí y si no lo hacen desaparecerán” Ellos muy asustados fueron obligados a excavar en la mina de diamantes de arcoíris. Aquella oscura noche, cuando parecía que todo era desolación, llegó un hadita indefensa y curiosa y les conto su historia en voz baja y aigida: “mis ojos crecen cuando hay luna llena, pero cuando cambia la luna son pequeños y entonces no puedo ver muy bien” también les contó sobre la montaña, cuando llego allí la pusieron a trabajar igual que a los demás esclavos del monstruo. Ellos le preguntaron: ¿Pero luego, tú no eres un hada de esas, que puede conceder deseos?, ella les dijo: “sí, pero ese hombre enorme y despiadado, me quitó mi varita y sin ella no puedo conceder ningún deseo”.

 

Esa noche, en voz baja y en medio de un cansancio espantoso pero con las cabezas lúcidas, planearon como entrar a la fortaleza del malvado malandrín y recuperar la varita. Antes del amanecer, cuando los lobos empezaron a anunciar el alba y con ella la esclavitud, se escurrieron hasta el fortín. Cuando llegaron, encontraron al hombre roncando como un tren subterráneo, a su lado había una caja a medio tapar y, a pesar del formidable peso de la tapa, pudieron ver que dentro de ella se encontraba la varita con su estrella brillante y poderosa. El duendecillo, agachó sus orejas y se escurrió entre la caja llena de tesoros robados, tomó la varita y la alcanzó a la simpática hadita que sin hacer ruido alguno, se veía feliz.

Cuando sacaron la varita de la caja, quedaron sorprendidos porque aquel hombre era el sabio embustero que los había guiado hasta allí. Entonces, como castigo, lo hicieron pequeño y lo dejaron sin voz, pero con un buen corazón, capaz de repartir diamantes de arcoíris a todos los tristes del mundo cuando sintieran que su dolor no tiene cura.

La amable hadita, liberó a todos los prisioneros y el mundo de fantasía de niños y niñas se hizo inmenso y alcanzó hasta para los adultos. Todos muy alegres se fueron de allí, aprendiendo la lección de aceptarse tal y como son.

¿EXISTE EL AMOR?

¿EXISTE EL AMOR? 1170 658 leer-admin

Por: Carolina Castiblanco R.

 

Elegí ese tema porque hay una pregunta importante, que me hace pensar una y otra vez: ¿En mi zona de Los Almeidas, hay amor? Con mi discurso pretendo demostrar que los adultos, nos están enseñando con sus acciones, palabras y vivencias que si alguna vez ha existido el amor, está siendo exterminado sin piedad.

Ustedes creen que en nuestra región hay amor mientras cientos de padres se gastan la plata que ganan en sus trabajos, consumiendo alcohol día y noche: ¿Eso es amor?.

¿Es modelo de amor pasar por las calles de nuestros municipios y ver en cada esquina grupos de hombres y mujeres de todas las edades con botellas de alcohol en la mano, mientras difícilmente pueden sostenerse en pie y tener terror de que lleguen a casa porque son los padres, madres, hermanos y abuelos de muchos?

Cuando padres y madres golpean a sus hijos, con la propia mano, con cinturones, correas, zapatos y otros objetos a los hijos porque hicieron algo que ellos consideran incorrecto ¿eso es amor?

Cuando cientos de padres de familia, abandonan a sus mujeres con los hijos a su suerte y se van con otras mujeres para traer más hijos a este mundo a sufrir necesidades, ¿Esa mor?

Cuando tantos adolescentes, sin proyecto de vida claro, sin recursos, sin preparación física, económica ni académica traen niños a este mundo por accidente, para dejarlos en manos ajenas, es amor?

¿Es amor cuando miles de niños, jóvenes y adolescentes permanecen en soledad sin cariño ni atención, sin nadie que les guíe o acompañe en sus actividades escolares, buscando malas influencias, consumiendo sustancias dañinas y aprendiendo a causar daño a la sociedad?

¿Hay amor cuando la infidelidad es el pan de cada día en muchos hogares y con ella la violencia intrafamiliar que miles de niños deben soportar todos los días?

¿Es ejemplo de amor cuando todos los días somos testigos de mentiras pequeñas, medianas y grandes que los adultos se dicen entre ellos y nos dicen a los niños?

¿Cuál es el modelo de amor, cuando el lenguaje de nuestros adultos es vulgar, ordinario, irrespetuoso y violento, frente a los niños y a sus espaldas?

¿Cuál es modelo de amor, cuando nos exigen que estudiemos y muchos de ellos nunca lo hicieron ni aprovechan las oportunidades que hoy se les brindan para aprender?

¿Hay amor en las promesas políticas incumplidas, en las mentiras y la descortesía de aquellos que asumen los cargos que el pueblo les otorga con sus votos?

Son tantos y tantos los interrogantes que vienen de golpe a mi cerebro y que me desconciertan al concluir que sin duda, estamos recibiendo lecciones diarias acerca de las maneras más frecuentes para asesinar al amor.

 

Lo curioso de todo esto, es que los adultos todos los días hablan de amor, celebran el día del amor, cambian de amor cada rato, luego cantan al desamor, confunden el amor con el sexo desordenado y cantan al supuesto ¨despecho¨ ahogados entre alcohol, irresponsabilidad y lágrimas.

No es difícil para nosotros, asistir todos los días a los funerales del ¨Amor¨.

En la casa, en el colegio, en la calle, en los medios masivos de comunicación, en todas partes: Se me ocurre ilustrar mis palabras con el ejemplo del comercial de un desodorante para hombres que se llama ¨AXE¨ en el cual muestran a las mujeres como un numeroso grupo de estúpidas que corren detrás de un olor, sin preocuparse por la amistad, el respeto ni el motivo de nuestro tema de hoy, el amor. Ni hablar de la manera como le venden al hombre la idea de masculinidad: ¨Tenga miles de mujeres¨, sin importar nada más. ¿Hay amor en la intención de este tipo de comerciales que llegan a jóvenes y niños indiscriminadamente?

¿Hay amor, en mis compañeros de colegio, cuando al menor descuido se apropian de los útiles escolares de los otros, los esconden o dañan, rayan o destruyen sus pupitres, escritorios, paredes y demás implementos escolares?

¿Hay amor cuando los salones, pasillos, prados o jardines de los colegios cuando los tapizamos de la basura que producimos minuto a minuto?

¿Son  prueba del amor humano, los ríos contaminados, los animales extintos, las quebradas y lagunas asfixiadas de basura?

Sin duda, los niños tenemos grandes retos para el presente y el futuro. Somos la generación del poder, de la tecnología, de los grandes avances, del aprendizaje rápido. Tenemos el reto de aprender a diferenciar entre aquello que es amor y aquello que no lo es.

Nuestra tarea es resucitar el amor que han asesinado paulatinamente nuestros adultos. Afortunadamente, también abundan los buenos ejemplos. Y por si no, nosotros tenemos la inteligencia y la capacidad de aprender a sembrar amor, de actuar según la lógica del bienestar del otro, del planeta, nuestro propio bienestar.

El secreto del amor es sencillo, podemos empezar por nuestra región, seremos modelo para muchos. Lo primero, es valorarnos nosotros mismos, respetarnos, cuidarnos, querernos, saber que somos inteligentes, capaces, líderes, simpáticos y justos. Si no nos aceptamos a nosotros mismos y no nos sentimos felices y orgullosos de ser quienes somos, será difícil aceptar a los demás.

 

Después de ese primer paso, bien dado, es fácil seguir el secreto para resucitar al amor: Reconozcamos que el planeta es nuestro hogar, vivamos en función de su cuidado, que su vida, es la supervivencia de nuestra especie.

 

El día en que tengamos claro que somos los seres más importantes del mundo y que nuestra casa merece cuidados, ese día aprenderemos a valorar a respetar y a cuidar a los otros seres humanos, sus cuerpos, sus personalidades, sus espacios, sus pertenencias, sus palabras, su existencia.

Resucitar el amor, no es sencillo: A nuestra generación le corresponde esa difícil tarea. Podemos empezar desde ahora, desde hoy: Es necesario enseñar tantas lecciones a nuestros adultos. Tenemos que aguzar nuestro sentido crítico, alimentar el amor y luchar contra todo aquello que lo mata.

Empecemos por construir nuestros proyectos de vida. Tracemos caminos de amor y transitemos por ellos, sin duda, somos capaces de transformar la humanidad.

Cierro mi discurso invitando a los adultos a reconstruir el amor en sus vidas, a armar con los pedacitos que quedan una sociedad estudiosa,   futurista, prometedora, altruista, solidaria, sincera, honesta, trabajadora, puntual, sobria y exitosa. Estamos dispuestos a seguir sus buenos ejemplos y a enriquecerlos.

Asistiremos a la resurrección del ¨amor¨, quizá algún día del futuro, sólo si desde ahora empezamos la tarea.

DÉCIMO PRIMER MANDAMIENTO: “NO DAR PAPAYA”

DÉCIMO PRIMER MANDAMIENTO: “NO DAR PAPAYA” 1170 658 leer-admin

Por: Marina Alarcón G.

 

Con frecuencia y naturalidad se escucha decir en todos los círculos sociales esta rutinaria frase que se ha convertido en el arma de más de uno para protegerse del perjuicio que puedan causarle aquellos que le rodean: Acuérdese del decimoprimer mandamiento: “No dar papaya”. De la confianza, de las omisiones o de los errores se aprovechan hasta los “amigos” y sin miramiento alguno lesionan a sus propios hermanos.

“Dar papaya”, “papaya partida…”, son frases creadas para justificar el vergonzoso comportamiento de las personas capaces de apoderarse de los bienes de aquellos que por confiar en sus semejantes, no “esconden” su dinero de uso diario, sus joyas, sus libros, sus pertenencias, sean escasas o abundantes, porque creen en la honestidad de aquellos con quienes comparten su vida y porque están convencidos de que al igual que ellos, son incapaces de causarle daño a otro.

La gran mayoría de las personas, en sus lugares de trabajo, en sus aulas de clase y hasta en sus propios hogares, saben que deben ocultar bajo llave todo aquello que sea posible llevarse entre la ropa interior, entre los bolsillos, entre las medias, en las billeteras o en cualquier otro lugar en donde quepa. ¿Quiénes comparten nuestras aulas de clase, nuestros lugares de trabajo, nuestra casa? ¡Sin lugar a dudas, son las personas en quienes confiamos! Lo natural, en una sociedad con valores sería poder dejar nuestras carteras, nuestros libros, nuestras joyas, nuestros portátiles, nuestros celulares… confiadamente en los lugares que frecuentamos, con la plena seguridad de que nadie nos ha de robar nuestras propiedades, así como nosotros jamás nos apropiaremos de las pertenencias de otro, aunque estén a nuestro alcance.

Qué tristeza que nuestra sociedad se sienta tan cómoda enseñando a “No dar papaya”, con la certeza plena de que todos somos depredadores, delincuentes para los otros y que definitivamente en ninguno se puede confiar porque aquel que nos sonríe hoy, está esperando “el papayazo” para hacernos daño.

Qué sano y constructivo sería vivir en una sociedad en la cual practicáramos el ejercicio de “dar papaya” y “aprender a no tomar la que le den a uno”. Nos volvería más capaces de respetar, de confiar, de creer en el otro, de cooperar, de arriesgarnos a ser honestos. Significaría dejar de aprovechar de manera plena, burda e inmediata, la generosidad del otro. Comprender la ley de la causalidad, todo aquel daño que se hace a otro, siempre será cobrado por la vida misma. Nos haría sentir más orgullosos de los modelos que estamos dejando a nuestros niños y jóvenes.

¡DESDE SEXTO, PARA SIEMPRE!

¡DESDE SEXTO, PARA SIEMPRE! 1170 658 leer-admin

Por: Diana Chautá, Paola Pedraza, Karina Domínguez, Andrea Sarmiento, María Martínez, Juan Pedraza. 901

Conocimos este proyecto desde el año 2012, cuando llegamos a grado sexto, donde conocimos a la profesora Marina Alarcón quien era nuestra directora y líder del proyecto, ella le llamaba: Leer nuestra nueva visión, porque siempre lo miró como una promesa para cambiar vidas. Nos fue inculcando la lectura, su pequeña biblioteca viajaba en bolsas de tela y de plástico.

Una hora a la semana, nos dejaba viajar a mundo fantásticos en los cuales sus hijos también viajaron, mundos llenos de historias y otros de realidad. Desde la primera hora de lectura oral que ella nos hizo, empezamos a interesarnos más por los libros, a dejar volar nuestra imaginación, llegando hasta el punto de leer libros en el descanso y en nuestra casa. Esta experiencia, nos ha hecho saber que leer es aprender a ser mejores personas, líderes capaces de sacar a la sociedad de la pobreza y la ignorancia.

Con el tiempo, los padres a través de estudiantes, empezaron a donar más libros para que muchos más pudieran leerlos. Aquellas bolsas se convirtieron en maletas grandes, esas de viaje dadas por el colegio. A medida que han pasado los años, nos hemos podido dar cuenta de que muchos tenemos una mala lectura y pésima estructura escritural. Pero con el paso del tiempo, hemos obtenido grandes resultados siendo aprendices de escritores, declamadores, oradores y buenos lectores. Ahora creamos un libro de nuestra propia autoría y el proyecto se llama “Leer nuestra nueva misión”, porque leer, es encanto de todos los días y nos lleva a cumplir nuestras metas. Aunque no podemos negar que muchas veces la pereza no nos deja terminar con detalles aquellas emocionantes historias, y buscábamos el medio más fácil para resumir nuestro libro “EL INTERNET”.

Ahora ya muchos de nosotros leemos por placer, (en los libros de las maletas, en la biblioteca de nuestro celular o en la Tablet, los que tienen) y no porque nos obligan. Somos muchos los que queremos dejar una semilla de liderazgo y que los pequeños que vienen detrás de nosotros, terminen de cosechar el proyecto.

AMOR Y SEXO

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Por: Leidy Johana Cusba Gil

El sexo hace parte inseparable del ser humano. Venimos diseñados como seres sexuados y ese detalle, se les ha olvidado a muchos de nuestros padres y adultos. Por esa razón, olvidaron enseñarnos, que la autoestima, el amor propio, los valores y los proyectos de vida, son las herramientas básicas que han de ayudar a los adolescentes a comprender las enormes diferencias entre relaciones sexuales y AMOR. El sexo y el amor no son un juego. Son dos dimensiones complementarias para el desarrollo de las personas.

“El amor va más allá del sexo y la pasión fugaz. Muchos jóvenes confunden estos conceptos y actúan irreflexivamente, llevando la sociedad a la descomposición y al caos que hoy estamos viviendo.”

Miles de relaciones sexuales son ajenas a al amor: Son homenajes a la impulso de las hormonas, diversión irresponsable, aparente satisfacción. Tener sexo con amor es otra cosa: Es las experiencias más bellas que pueden tener las personas. Hacer el amor y tener sexo para algunos es lo mismo, otros solo dicen tener sexo y otros creen que hacen el amor, sólo unos pocos adultos responsables e inteligentes, saben que es posible hacer las dos cosas.

Las emociones asociadas al amor son muy poderosas. EL amor es la fuerza incontenible que debe mover al mundo, pero amor es responsabilidad. La juventud quiere adaptarse a lo nuevo y a lo que viene, pero está ignorando los cimientos para la sociedad del futuro: respetarse a sí mismo y respetar al otro, creer, ser confiables y confiar, demostrar nuestro afecto por las personas que queremos con lealtad y fidelidad.

La mayoría de jóvenes pensamos que nuestra primera relación de noviazgo, va a durar toda la vida, que queremos y amamos con toda nuestra alma a nuestra pareja y que ese amor eterno que consignamos en cuadernos y pupitres es correspondido hasta la muerte. Pero, casi siempre, llega el momento en que todo el “supuesto amor se acaba” y nos queremos morir, jurando que nunca en la vida vamos a volver a confiar, y que el amor no existe. No ha de pasar mucho tiempo para que nuestro corazón esté nuevamente enamorado: Algunas personas solo juegan, no son sinceras y lastiman los sentimientos. Es ahí, cuando dejamos de creer y entramos en el juego de tomar todo por diversión. El sexo es entonces disfrutar, complacernos, divertirnos, sin importar los sentimientos. Más temprano que tarde, llegarán consecuencias como enfermedades, embarazos, maldiciones, lágrimas y dolor.

La descomposición social que vivimos, la violencia, el desamor y la soledad, nos obligan a entender que tenemos la obligación de ofrecer a nuestros descendientes un futuro mejor: El sexo es manifestación del amor en una pareja. Es compromiso, es entrega y proyección de vida con responsabilidades compartidas.

En la vida, al igual que en el amor, nadie dijo que sería fácil. Con el cariño, el sexo y el amor no se juega. No odies hoy, porque alguien rompió tu corazón. A nuestra es una etapa de aprendizaje. Tenemos tiempo de enamorarnos y desenamorarnos hasta que sepamos realmente lo que es amar a alguien de verdad y sólo cuando estemos seguros, entreguemos nuestra alma, vida, cuerpo y corazón.

“DECIMOS QUE SOMOS LIMPIOS, PERO ASFIXIAMOS EL PLANETA”

“DECIMOS QUE SOMOS LIMPIOS, PERO ASFIXIAMOS EL PLANETA” 1170 658 leer-admin

A partir de los discursos de los niños de sexto.

El tema de la ecología es reiterativo, insistente, a veces hasta nos cansa. Sucede como con tantos otros temas que de ser tan trascendentales e importantes pasaron a convertirse en bandera de demagogos, políticos y medios masivos de comunicación.

Cuando conocemos realidades como ésta, somos tan inconscientes que ignoramos el peso de la responsabilidad que nos corresponde para con el planeta. Así que simplemente lo ignoramos y seguimos destruyendo sin piedad nuestra propia casa. Son los hábitos con los que hemos crecido, las enseñanzas que su ejemplo nos dan los adultos que nos rodean y las costumbres que nos impiden pensar y actuar con dignidad.

Pretendo demostrar con mi discurso, que cada uno de nosotros puede hacer grandes aportes con acciones sencillas para aplazar o evitar la extinción del planeta en que vivimos.
Hemos aprendido, en las lecciones de biología que el incremento en la temperatura media de la atmosfera es el calentamiento global y que trae problemas climáticos en todo el planeta.

Muchos sabemos también que existen acuerdos internacionales que abordan el problema del cambio climático. Por ejemplo, el Protocolo de Kioto que clasicó los países en dos categorías, los industrializados, con compromisos de reducción de emisiones, y los países en desarrollo, como Colombia, que no adquirieron estos compromisos. Luego escuchamos en noticias que pocos países cumplen esos acuerdos. A pesar de ello la mayoría, aunque no alcancen con los niveles establecidos, ya han reducido considerablemente sus emisiones de gases con contenido de dióxido de carbono. Este tratado se estableció para frenar la ruptura de parte de la capa de ozono. Otro ejemplo que escuché en noticias es el acuerdo de Copenhague que enfrenta el reto de frenar el cambio climático y el deshielo polar.

Colombia no es un país que tome medidas preventivas frente a esta problemática. En nuestro país se calienta cada día más el aire, hay más agua acumulada que se convierte en nubes más grandes por la evaporación del líquido y por eso llueve tan fuerte (cuando el verano no quema el país). Esta mayor intensidad de las tormentas se está notando desde el año pasado, en muchas ciudades del país, como Medellín, Santa Marta y Cartagena. Lo más grave, es que Bogotá y muchas otras ciudades no están preparadas para afrontar este tipo de sucesos y eso debe comenzar a cambiar. La gente pone tejas livianas en los techos de las casas, no limpian las canales y los alcantarillados de la ciudad no están preparados, se tapan con la basura que botamos y se producen inundaciones y catástrofes.

El mundo se estremece y nos estremece a todos. Hace rato, soplan grandes vientos de cambio en la naturaleza de toda la Tierra. Es el calentamiento global del que tanto se habla. Colombia, nuestro país, que es un pulmón del planeta, está como les estoy demostrando, fuertemente amenazada.

Los glaciares colombianos, son excelentes indicadores de cambio climático, la respuesta a las alteraciones de la atmósfera. Glaciares ecuatoriales como los nuestros, representan un ecosistema único por su rareza y dinámica.

Junto con los nevados, los páramos son también vulnerables a los cambios climáticos, y se ve venir una pérdida lamentable de la regulación hídrica de alta montaña. Durante el siglo pasado se extinguieron ocho nevados colombianos: Puracé Sotará Galeras), Chiles, Pan de Azúcar, Quindío, Cisne y Cumbal.

Los seis nevados actuales (Ruiz, Santa Isabel, Tolima, Huila, Sierra Nevada de El Cocuy y Sierra Nevada de Santa Marta) presentan un derretimiento constante muy marcado en las últimas décadas. Esta pérdida se asocia con el aumento térmico global, resultado a su vez de la acumulación de gases de efecto invernadero. De hecho, Colombia ha perdido en el último medio siglo el cincuenta por ciento de su área glaciar.

Hay evidencias claras de un ascenso lento pero progresivo del nivel del mar desde fina le s d e l siglo pasado , a aproximadamente dos milímetros por año. Es una amenaza para las costas y las islas colombianas por la posible inundación de zonas bajas, la erosión y el retroceso de las playas…Por mencionar algunos impactos.

Los cambios climáticos, como las olas de calor soportadas recientemente en Colombia, están incrementando los accidentes cardiovasculares, el dengue y la malaria. Además aumentan el nivel de hambre, miseria y desplazamiento. En realidad, la destrucción ya empezó y no está lejos de nuestro contexto.

Sabemos que las grandes decisiones, no dependen de nosotros, en materia de protección ecológica para nuestro país. Están en manos del gobierno.

Pero también hemos aprendido que la unión hace la fuerza y que todos unidos podemos ayudar a cuidar nuestro hábitat. Nuestras tareas son posibles, sencillas y sin duda, transformadoras. Con acciones cotidianas, todos podemos contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. Enseñemos a nuestros adultos!. Hay por lo menos veinte acciones positivas, orientadas al ahorro, el reciclaje y el re-uso. Practiquémoslas desde hoy: Primero que todo, promover en el colegio, en nuestra casa, en el lugar de trabajo de nuestros padres, en nuestros municipios, la separación de desechos orgánicos e inorgánicos (papeles, plásticos, latas…). Empecemos por no arrojarlos a las calles ni a los lugares que habitamos.

Es sencillo también, por ejemplo, Enfriar las comidas antes de ponerlas en la nevera. No olvidemos nunca, abrir la nevera el menor número de veces y por el menor tiempo posible, controlar que la puerta cierre bien, y descongelarla regularmente.

Nada nos cuesta, encender sólo las luces necesarias y evitar conectar y mantener encendidos sin necesidad, equipos y electrodomésticos.

Es inteligente pintar de colores claros las paredes internas y los techos de la casa. Así se utilizan lámparas de menor potencia para iluminar.

Graduar el termostato de la plancha eléctrica según el tipo de tejido de la ropa; utilizarla desde el momento en que se conecta, y desconectarla antes de concluir el planchado. Al juntar cierta cantidad de ropa para el planchado se evitan desperdicios de energía por el sucesivo encendido y apagado de la plancha.

“ACCIDENTES QUE ENRIQUECEN”

“ACCIDENTES QUE ENRIQUECEN” 1170 658 leer-admin

Por: Daniel Felipe Lovera Salazar.

Este es un relato que me ha contado un anciano sabio. Su nombre José, pero sus amigos y conocidos, lo llaman “el investigador con suerte.” Se preguntarán ustedes: ¿Por qué? Ya lo verán en una de las tantas historias, que le han sucedido a José y que él aprecia mucho.

Esta historia comenzó el martes 10 de septiembre de 1985 en Colombia, en el viaje que José llevaba preparando hacía tres semanas, hacia una isla lejana que se encontraba dentro del intrincado continente oceánico. Allí, esperaba explorar la extraña fauna silvestre del lugar y hacer un par de investigaciones. El día 1 tomó provisiones, alistó sus maletas y se aseguró de empacar lo necesario para acercarse a la fauna nativa. Tomó un barco hacia la isla. Fueron 10 días de viaje. Una mañana, en el barco, José estaba tomando su acostumbrado café con galletas. En mar abierto, se desató una tormenta impresionante engalanada con rayos amenazadores. El mar se agitaba con violencia y sacudía el barco fácilmente. Los tripulantes gritaban y corrían. José se sostenía de una baranda, encontró un bote salvavidas, lo arrojó al mar y se montó sobre él. De pronto, una tabla le golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

José quedó dos días navegando a la deriva, en mar abierto, encima de la balsa. El viento lo llevó a tierra firme. Él seguía inconsciente. Cuando despertó, lentamente comprendió que estaba en una isla, totalmente solo. Después de un tiempo, se puso a explorar la isla a ver, si alguien la habitaba. Días enteros buscó, no encontró nada.

Comía unas frutas, que aparecían en unos árboles enanos. Armó un cambuche donde podía dormir y pasar las noches. En el día se dedicó a buscar en los pequeños árboles para poder comer y recolectar su delicioso fruto.

Por sus nuevas ocupaciones de supervivencia, no pudo descubrir a las diminutas personas que lo observaban en el día, y en las noche se acercaban sigilosamente a él.

Un día de tantos, en esos meses en la isla, José descubrió a una de las criaturitas que lo vigilaban y se dio cuenta de que no eran personas como las que él conocía, que no se vestían igual, que tenían orejas diferentes y no parecían venir del mismo planeta. Les preguntó asombrado que cómo se llamaba esa isla y que en dónde se encontraba en ese momento. Que por qué ellos eran más pequeños que él… y otras inquietudes más acerca de la vida de la comunidad de pequeñas personitas.

Ellos dijeron que esa era una isla mágica, muy particular. Confiaron en él y lo llevaron a su aldea. José se llevó una sorpresa, cuando vio a tantas personitas y a las extrañas criaturas que rodeaban la aldea. También le sorprendieron los grandes castillos en que vivían unos caballeros que se iban a las montañas a luchar contra dragones.

José observó detenidamente toda la isla, la aldea, las pequeñas personas, los castillos y los modos de vida del poblado. Luego preguntó a unos de los aldeanos, que hacían ellos para divertirse y que por qué no eran atacados por los dragones y los caballeros. La pequeña persona respondió que ellos, jugaban con sus mascotas y con unas pelotas que tenían, que ellos daban cortos paseos todos los días por los bosques y las playas para pasar la vida totalmente felices. José siguió explorando aquella cultura, su mundo, sus costumbres y conociendo muy bien a las pequeñas personas. Pero él tenía más curiosidad por saber qué había dentro de los castillos y si realmente había algún dragón.

Una noche fue a uno de los castillos, y mirando por una ventana vio a un caballero que practicaba con la espada mientras su hermosa esposa lo observaba. José se escondió y volvió rápidamente a la aldea. Entró a la cabaña y se acostó a dormir. Al otro día salió hacia el castillo, la bella mujer del caballero, se encontraba sola y la visitó. Platicaron durante un buen rato y esperaron al caballero. Entrada la tarde, el caballero llegó. José lo saludó y le dijo que era impresionante su trabajo, defendiendo al pueblo y a los aldeanos, sosteniendo feroces luchas con el gran dragón. El tiempo pasaba en un excepcional calendario astral creado por aquella sociedad. Durante un tiempo, José fue al castillo, aprendió más sobre la vida de la encantada aldea. Se fue preparando para volver a su planeta y dejar ese hermoso lugar.

Tiempo después, José empezó a armar un barco para volver con su familia y amigos. Con dolor en el corazón, muchos de los pequeños hombrecitos, le ayudaron en su labor. Cuando ya tenían el barco, se despidió de todos los amigos, se montó en su barco y se alejó lentamente, observando hacía atrás esperando volver a su patria ubicada en la esquina noroccidental de América del sur. Se despidió agradecido y queriendo mucho a las pequeñas generosas personas.

Siguió alejándose, sabía exactamente hacia donde se dirigía, su patria se encontraba ubicada en la esquina noroccidente de América del Sur, sobre la línea ecuatorial, en plena zona tórrida. A pesar que la mayor parte de su extensión, se encuentren en el hemisferio norte, su país es equidistante con los dos extremos del continente Americano. Lo recordaba como el país más hermoso que conocía: Su hogar. Pronto se internó en mar abierto. Inesperadamente, como designio repetitivo del destino, se desató una violenta tormenta eléctrica que hacía, que el mar se agitara fuertemente. José cayó al agua desmayado.

Despertó en una isla. Las personas lo habían ayudado y lo estaban cuidando, le contaron que estaba en Bayley, un islote acogedor habitado por pescadores que lo habían hallado en la playa desmayado, lo recogieron y lo cuidaron para que no le pasara nada. Era viernes 18 de diciembre de 1897.

Cuando José se sintió recuperado, les dio las gracias a esas personas, se sintió cerca de su tierra y tomó rumbo a su país. Contó su historia a todos sus conocidos y familiares. Ellos se asombraron y celebraron porque estaba bien y tal vez había conocido a los herederos del país de Liliput, del que nos había hablado Jonathan Swift en el siglo XVIII, a los caballeros de las leyendas y había estado cerca de los dragones medievales que aún nos inquietan.

José escribió el libro “Accidentes que enriquecen” de la Editorial Rey Dragón. Allí cuenta los acontecimientos que vivió en aquella aventura inolvidable. El libro se vende muy bien. Le recomiendo el capítulo en el que José, acompaña al caballero a luchar contra el dragón y cómo lograron salvar a la aldea.

No dejen de leer el regreso de José a la isla de los pequeños y la visita de ellos a Colombia, el país de José.

Finalmente, ganó mucho dinero y publicó otros libros. Vive muy feliz con su familia, visita lugares maravillosos estudiando fauna y flora y aún publica artículos científicos sobre sus descubrimientos. Es catedrático universitario y vive muy contento en su país.

Este relato, es producto de mi último encuentro con el sabio anciano José, un hombre en cuyos ojos brilla el conocimiento de arcanas culturas de ultramar.

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