LA MONTAÑA

LA MONTAÑA

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Por: Jenny Paola Pedraza Pinilla.

Había una vez una mujer, a veces, tan pero tan grande, que no cabía ni siquiera en su casa. Ella no entendía, por  qué, cuando llegaba la luna llena se hacía pequeña como una pulga y cabía hasta en una tapita de esfero. Cuando la luna estaba mediana, tenía el tamaño normal de una persona.

Un día, ella se cansó de que todas las personas murmuraran sobre ella. Se fue a donde un gran sabio, que le dijo: “hay un lugar en donde no sale la luna”. Ella le preguntó llena de optimismo: ¿en dónde queda? El sabio le dijo: “es muy lejos de aquí, nadie regresa nunca de ese lugar” Ella no se asustó ni un poquito, y le volvió a preguntar al sabio tranquilamente:

¿Dónde queda?. El sabio re respondió con voz pausada: “queda en la más alta y escarpada cumbre de oriente, pero te recuerdo, mujer, nadie ha vuelto de ese lugar. Ella, sonrió, agradeció y partió decidida.

Caminó y caminó hacia la montaña, cuando ya era muy noche, llegó la luna llena y la volvió muy pequeña otra vez. Entonces, así diminuta, se encontró un duende que tenía unas orejas muy grandes. Aquel duende le conto su historia: “cuando hay luna llena, me crecen mucho las orejas, pero después de que cambia la luna mis orejas se vuelven pequeñas”. La mujer, también le contó su historia y le dijo hacia donde se dirigía, el duende le dijo: “puedo ir contigo? Ella respondió: Claro que sí! Y reanudaron el camino .Cuando llegaron a la cumbre, casi al amanecer, se sorprendieron al ver una comunidad de hadas, dragones, sirenas, y muchas otras criaturas encantadas. El tiempo entonces, se hizo ambiguo y confuso…

De repente apareció el sol y todas las criaturas desaparecieron como en un despertar. Ellos se asustaron y emprendieron la huida. En su apresurado escape, encontraron una de las hadas, volátil y hermosa que ella dijo: “vinimos aquí porque un gran sabio nos dijo que aquí no aparecía la luna” pero en realidad fuimos engañados. Ahora somos prisioneros y nunca jamás nos iremos de aquí”. Ellos muy asustados y temerosos sin comprender la razón, se quedaron profundamente dormidos.

Cuando despertaron, apareció un hombre descomunal, que les dijo con voz amenazante: “A partir de ahora, son mis esclavos, tienen que trabajar para mí y si no lo hacen desaparecerán” Ellos muy asustados fueron obligados a excavar en la mina de diamantes de arcoíris. Aquella oscura noche, cuando parecía que todo era desolación, llegó un hadita indefensa y curiosa y les conto su historia en voz baja y aigida: “mis ojos crecen cuando hay luna llena, pero cuando cambia la luna son pequeños y entonces no puedo ver muy bien” también les contó sobre la montaña, cuando llego allí la pusieron a trabajar igual que a los demás esclavos del monstruo. Ellos le preguntaron: ¿Pero luego, tú no eres un hada de esas, que puede conceder deseos?, ella les dijo: “sí, pero ese hombre enorme y despiadado, me quitó mi varita y sin ella no puedo conceder ningún deseo”.

 

Esa noche, en voz baja y en medio de un cansancio espantoso pero con las cabezas lúcidas, planearon como entrar a la fortaleza del malvado malandrín y recuperar la varita. Antes del amanecer, cuando los lobos empezaron a anunciar el alba y con ella la esclavitud, se escurrieron hasta el fortín. Cuando llegaron, encontraron al hombre roncando como un tren subterráneo, a su lado había una caja a medio tapar y, a pesar del formidable peso de la tapa, pudieron ver que dentro de ella se encontraba la varita con su estrella brillante y poderosa. El duendecillo, agachó sus orejas y se escurrió entre la caja llena de tesoros robados, tomó la varita y la alcanzó a la simpática hadita que sin hacer ruido alguno, se veía feliz.

Cuando sacaron la varita de la caja, quedaron sorprendidos porque aquel hombre era el sabio embustero que los había guiado hasta allí. Entonces, como castigo, lo hicieron pequeño y lo dejaron sin voz, pero con un buen corazón, capaz de repartir diamantes de arcoíris a todos los tristes del mundo cuando sintieran que su dolor no tiene cura.

La amable hadita, liberó a todos los prisioneros y el mundo de fantasía de niños y niñas se hizo inmenso y alcanzó hasta para los adultos. Todos muy alegres se fueron de allí, aprendiendo la lección de aceptarse tal y como son.

4 comentarios
  • Nosotros podemos superar todas las barreras que se nos interpongan, a menos que nosotros mismos nos las interpongamos

  • Eliana Perdomo Cortes 703 7 marzo, 2019 at 10:50 pm

    Esta lectura nos enseña a que podemos alcanzar lo mas alto con esfuerzo , esperanza y sobretodo creyendo en nosotros mismos

  • Esta historia me deja que aunque no seamos “normales o iguales” a los demás , podemos lograr lo que queremos

  • Esta lectura nos muestra que hay que amarnos a nosotros mismos, porque si no lo hacemos como vamos a aceptar a los demas, como mostrarle un mundo diferente a la sociedad, si no cambiamos lo que la destruye,
    hay que resaltar siempre lo unicos y valiosos que somos cada uno de nosotros.

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