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February 2019

“DECIMOS QUE SOMOS LIMPIOS, PERO ASFIXIAMOS EL PLANETA”

“DECIMOS QUE SOMOS LIMPIOS, PERO ASFIXIAMOS EL PLANETA” 1170 658 leer-admin

A partir de los discursos de los niños de sexto.

El tema de la ecología es reiterativo, insistente, a veces hasta nos cansa. Sucede como con tantos otros temas que de ser tan trascendentales e importantes pasaron a convertirse en bandera de demagogos, políticos y medios masivos de comunicación.

Cuando conocemos realidades como ésta, somos tan inconscientes que ignoramos el peso de la responsabilidad que nos corresponde para con el planeta. Así que simplemente lo ignoramos y seguimos destruyendo sin piedad nuestra propia casa. Son los hábitos con los que hemos crecido, las enseñanzas que su ejemplo nos dan los adultos que nos rodean y las costumbres que nos impiden pensar y actuar con dignidad.

Pretendo demostrar con mi discurso, que cada uno de nosotros puede hacer grandes aportes con acciones sencillas para aplazar o evitar la extinción del planeta en que vivimos.
Hemos aprendido, en las lecciones de biología que el incremento en la temperatura media de la atmosfera es el calentamiento global y que trae problemas climáticos en todo el planeta.

Muchos sabemos también que existen acuerdos internacionales que abordan el problema del cambio climático. Por ejemplo, el Protocolo de Kioto que clasicó los países en dos categorías, los industrializados, con compromisos de reducción de emisiones, y los países en desarrollo, como Colombia, que no adquirieron estos compromisos. Luego escuchamos en noticias que pocos países cumplen esos acuerdos. A pesar de ello la mayoría, aunque no alcancen con los niveles establecidos, ya han reducido considerablemente sus emisiones de gases con contenido de dióxido de carbono. Este tratado se estableció para frenar la ruptura de parte de la capa de ozono. Otro ejemplo que escuché en noticias es el acuerdo de Copenhague que enfrenta el reto de frenar el cambio climático y el deshielo polar.

Colombia no es un país que tome medidas preventivas frente a esta problemática. En nuestro país se calienta cada día más el aire, hay más agua acumulada que se convierte en nubes más grandes por la evaporación del líquido y por eso llueve tan fuerte (cuando el verano no quema el país). Esta mayor intensidad de las tormentas se está notando desde el año pasado, en muchas ciudades del país, como Medellín, Santa Marta y Cartagena. Lo más grave, es que Bogotá y muchas otras ciudades no están preparadas para afrontar este tipo de sucesos y eso debe comenzar a cambiar. La gente pone tejas livianas en los techos de las casas, no limpian las canales y los alcantarillados de la ciudad no están preparados, se tapan con la basura que botamos y se producen inundaciones y catástrofes.

El mundo se estremece y nos estremece a todos. Hace rato, soplan grandes vientos de cambio en la naturaleza de toda la Tierra. Es el calentamiento global del que tanto se habla. Colombia, nuestro país, que es un pulmón del planeta, está como les estoy demostrando, fuertemente amenazada.

Los glaciares colombianos, son excelentes indicadores de cambio climático, la respuesta a las alteraciones de la atmósfera. Glaciares ecuatoriales como los nuestros, representan un ecosistema único por su rareza y dinámica.

Junto con los nevados, los páramos son también vulnerables a los cambios climáticos, y se ve venir una pérdida lamentable de la regulación hídrica de alta montaña. Durante el siglo pasado se extinguieron ocho nevados colombianos: Puracé Sotará Galeras), Chiles, Pan de Azúcar, Quindío, Cisne y Cumbal.

Los seis nevados actuales (Ruiz, Santa Isabel, Tolima, Huila, Sierra Nevada de El Cocuy y Sierra Nevada de Santa Marta) presentan un derretimiento constante muy marcado en las últimas décadas. Esta pérdida se asocia con el aumento térmico global, resultado a su vez de la acumulación de gases de efecto invernadero. De hecho, Colombia ha perdido en el último medio siglo el cincuenta por ciento de su área glaciar.

Hay evidencias claras de un ascenso lento pero progresivo del nivel del mar desde fina le s d e l siglo pasado , a aproximadamente dos milímetros por año. Es una amenaza para las costas y las islas colombianas por la posible inundación de zonas bajas, la erosión y el retroceso de las playas…Por mencionar algunos impactos.

Los cambios climáticos, como las olas de calor soportadas recientemente en Colombia, están incrementando los accidentes cardiovasculares, el dengue y la malaria. Además aumentan el nivel de hambre, miseria y desplazamiento. En realidad, la destrucción ya empezó y no está lejos de nuestro contexto.

Sabemos que las grandes decisiones, no dependen de nosotros, en materia de protección ecológica para nuestro país. Están en manos del gobierno.

Pero también hemos aprendido que la unión hace la fuerza y que todos unidos podemos ayudar a cuidar nuestro hábitat. Nuestras tareas son posibles, sencillas y sin duda, transformadoras. Con acciones cotidianas, todos podemos contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. Enseñemos a nuestros adultos!. Hay por lo menos veinte acciones positivas, orientadas al ahorro, el reciclaje y el re-uso. Practiquémoslas desde hoy: Primero que todo, promover en el colegio, en nuestra casa, en el lugar de trabajo de nuestros padres, en nuestros municipios, la separación de desechos orgánicos e inorgánicos (papeles, plásticos, latas…). Empecemos por no arrojarlos a las calles ni a los lugares que habitamos.

Es sencillo también, por ejemplo, Enfriar las comidas antes de ponerlas en la nevera. No olvidemos nunca, abrir la nevera el menor número de veces y por el menor tiempo posible, controlar que la puerta cierre bien, y descongelarla regularmente.

Nada nos cuesta, encender sólo las luces necesarias y evitar conectar y mantener encendidos sin necesidad, equipos y electrodomésticos.

Es inteligente pintar de colores claros las paredes internas y los techos de la casa. Así se utilizan lámparas de menor potencia para iluminar.

Graduar el termostato de la plancha eléctrica según el tipo de tejido de la ropa; utilizarla desde el momento en que se conecta, y desconectarla antes de concluir el planchado. Al juntar cierta cantidad de ropa para el planchado se evitan desperdicios de energía por el sucesivo encendido y apagado de la plancha.

“ACCIDENTES QUE ENRIQUECEN”

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Por: Daniel Felipe Lovera Salazar.

Este es un relato que me ha contado un anciano sabio. Su nombre José, pero sus amigos y conocidos, lo llaman “el investigador con suerte.” Se preguntarán ustedes: ¿Por qué? Ya lo verán en una de las tantas historias, que le han sucedido a José y que él aprecia mucho.

Esta historia comenzó el martes 10 de septiembre de 1985 en Colombia, en el viaje que José llevaba preparando hacía tres semanas, hacia una isla lejana que se encontraba dentro del intrincado continente oceánico. Allí, esperaba explorar la extraña fauna silvestre del lugar y hacer un par de investigaciones. El día 1 tomó provisiones, alistó sus maletas y se aseguró de empacar lo necesario para acercarse a la fauna nativa. Tomó un barco hacia la isla. Fueron 10 días de viaje. Una mañana, en el barco, José estaba tomando su acostumbrado café con galletas. En mar abierto, se desató una tormenta impresionante engalanada con rayos amenazadores. El mar se agitaba con violencia y sacudía el barco fácilmente. Los tripulantes gritaban y corrían. José se sostenía de una baranda, encontró un bote salvavidas, lo arrojó al mar y se montó sobre él. De pronto, una tabla le golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

José quedó dos días navegando a la deriva, en mar abierto, encima de la balsa. El viento lo llevó a tierra firme. Él seguía inconsciente. Cuando despertó, lentamente comprendió que estaba en una isla, totalmente solo. Después de un tiempo, se puso a explorar la isla a ver, si alguien la habitaba. Días enteros buscó, no encontró nada.

Comía unas frutas, que aparecían en unos árboles enanos. Armó un cambuche donde podía dormir y pasar las noches. En el día se dedicó a buscar en los pequeños árboles para poder comer y recolectar su delicioso fruto.

Por sus nuevas ocupaciones de supervivencia, no pudo descubrir a las diminutas personas que lo observaban en el día, y en las noche se acercaban sigilosamente a él.

Un día de tantos, en esos meses en la isla, José descubrió a una de las criaturitas que lo vigilaban y se dio cuenta de que no eran personas como las que él conocía, que no se vestían igual, que tenían orejas diferentes y no parecían venir del mismo planeta. Les preguntó asombrado que cómo se llamaba esa isla y que en dónde se encontraba en ese momento. Que por qué ellos eran más pequeños que él… y otras inquietudes más acerca de la vida de la comunidad de pequeñas personitas.

Ellos dijeron que esa era una isla mágica, muy particular. Confiaron en él y lo llevaron a su aldea. José se llevó una sorpresa, cuando vio a tantas personitas y a las extrañas criaturas que rodeaban la aldea. También le sorprendieron los grandes castillos en que vivían unos caballeros que se iban a las montañas a luchar contra dragones.

José observó detenidamente toda la isla, la aldea, las pequeñas personas, los castillos y los modos de vida del poblado. Luego preguntó a unos de los aldeanos, que hacían ellos para divertirse y que por qué no eran atacados por los dragones y los caballeros. La pequeña persona respondió que ellos, jugaban con sus mascotas y con unas pelotas que tenían, que ellos daban cortos paseos todos los días por los bosques y las playas para pasar la vida totalmente felices. José siguió explorando aquella cultura, su mundo, sus costumbres y conociendo muy bien a las pequeñas personas. Pero él tenía más curiosidad por saber qué había dentro de los castillos y si realmente había algún dragón.

Una noche fue a uno de los castillos, y mirando por una ventana vio a un caballero que practicaba con la espada mientras su hermosa esposa lo observaba. José se escondió y volvió rápidamente a la aldea. Entró a la cabaña y se acostó a dormir. Al otro día salió hacia el castillo, la bella mujer del caballero, se encontraba sola y la visitó. Platicaron durante un buen rato y esperaron al caballero. Entrada la tarde, el caballero llegó. José lo saludó y le dijo que era impresionante su trabajo, defendiendo al pueblo y a los aldeanos, sosteniendo feroces luchas con el gran dragón. El tiempo pasaba en un excepcional calendario astral creado por aquella sociedad. Durante un tiempo, José fue al castillo, aprendió más sobre la vida de la encantada aldea. Se fue preparando para volver a su planeta y dejar ese hermoso lugar.

Tiempo después, José empezó a armar un barco para volver con su familia y amigos. Con dolor en el corazón, muchos de los pequeños hombrecitos, le ayudaron en su labor. Cuando ya tenían el barco, se despidió de todos los amigos, se montó en su barco y se alejó lentamente, observando hacía atrás esperando volver a su patria ubicada en la esquina noroccidental de América del sur. Se despidió agradecido y queriendo mucho a las pequeñas generosas personas.

Siguió alejándose, sabía exactamente hacia donde se dirigía, su patria se encontraba ubicada en la esquina noroccidente de América del Sur, sobre la línea ecuatorial, en plena zona tórrida. A pesar que la mayor parte de su extensión, se encuentren en el hemisferio norte, su país es equidistante con los dos extremos del continente Americano. Lo recordaba como el país más hermoso que conocía: Su hogar. Pronto se internó en mar abierto. Inesperadamente, como designio repetitivo del destino, se desató una violenta tormenta eléctrica que hacía, que el mar se agitara fuertemente. José cayó al agua desmayado.

Despertó en una isla. Las personas lo habían ayudado y lo estaban cuidando, le contaron que estaba en Bayley, un islote acogedor habitado por pescadores que lo habían hallado en la playa desmayado, lo recogieron y lo cuidaron para que no le pasara nada. Era viernes 18 de diciembre de 1897.

Cuando José se sintió recuperado, les dio las gracias a esas personas, se sintió cerca de su tierra y tomó rumbo a su país. Contó su historia a todos sus conocidos y familiares. Ellos se asombraron y celebraron porque estaba bien y tal vez había conocido a los herederos del país de Liliput, del que nos había hablado Jonathan Swift en el siglo XVIII, a los caballeros de las leyendas y había estado cerca de los dragones medievales que aún nos inquietan.

José escribió el libro “Accidentes que enriquecen” de la Editorial Rey Dragón. Allí cuenta los acontecimientos que vivió en aquella aventura inolvidable. El libro se vende muy bien. Le recomiendo el capítulo en el que José, acompaña al caballero a luchar contra el dragón y cómo lograron salvar a la aldea.

No dejen de leer el regreso de José a la isla de los pequeños y la visita de ellos a Colombia, el país de José.

Finalmente, ganó mucho dinero y publicó otros libros. Vive muy feliz con su familia, visita lugares maravillosos estudiando fauna y flora y aún publica artículos científicos sobre sus descubrimientos. Es catedrático universitario y vive muy contento en su país.

Este relato, es producto de mi último encuentro con el sabio anciano José, un hombre en cuyos ojos brilla el conocimiento de arcanas culturas de ultramar.

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